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Proyecto AYUDA: Justica restaurativa
Perspectiva bíblica
Alcance de la justicia restaurativa
Proyecto AYUDA: Justicia Restaurativa
Traducido de Restorative Justice Ministry Resource Guide, recurso de la UFM que coordina con el Proyecto AYUDA: Justicia restaurativa (Project HELPSM: Restorative Justice)
1 Perspectiva bíblica
"Puedo decírselo desde la perspectiva de la familia de una víctima, que no ha pasado ninguna semana, ni esta semana ni cualquier otra, en que yo no haya visto en la mente el video que muestra el cuerpo de mi hijo sobre la acera. Cada vez que hay un reportaje sobre lo ocurrido en Columbine, el video vuelve a rodar. Hay tanto trauma causado por eso. Nunca termina."
-Brian Rohrbough, quien perdió a su hijo Daniel en los asesinatos en la escuela Columbine.1
El Sr. Rohrbough tiene razón: nunca termina. Cada minuto de cada hora de cada día, el crimen destruye vidas.
En los Estados Unidos, se reportan 6 niños abusados o descuidados cada minuto. Se calcula que por cada niño reportado hay 18 más dañados en los mismos 60 segundos.
Cada hora, hay un robo en 240 hogares en los Estados Unidos. Son 240 familias cuyas vidas se cambian por siempre.
Cada día, se viola a 1,871 mujeres en los Estados Unidos.
El 56% de crímenes no se reporta porque la ciudadanía está frustrada con su sistema de justicia criminal.
El crimen traumatiza a más de 30 millones de personas en nuestra sociedad cada año.2
Las víctimas y sus familias obviamente son lastimadas por el crimen. No tan obvio es el sufrimiento de las familias de los delincuentes y la reputación de la comunidad. Cuando un padre va a la prisión, sus hijos sufren o sus padres afligidos se preguntan: "¿Cometí un error al criarle?" Como parte de su trabajo, los policías, los jueces y otros profesionales del sistema de justicia criminal se enfrentan a lo peor de la humanidad cada día. Ellos y sus familias también sufren. Y ya que el 98 por ciento de la población estadounidense puede llegar a ser víctima del crimen por lo menos una vez en el transcurso de su vida, todos sufrimos de miedo y de ansiedad.
Como una plaga moderna en los Estados Unidos, el crimen es un ciclo vicioso con un denominador común-el sufrimiento y la maldad. Los cristianos sabemos que Dios no causa ese sufrimiento causado por el crimen, sino que Satanás lo hace. La maldad se encuentra en el corazón de cada crimen. Esto es lo que distingue al crimen de otros acontecimientos traumáticos. Y es precisamente lo que hace que las víctimas duden de Dios. El crimen infesta los corazones con el odio, la amargura y la desesperación.
Sólo Cristo puede superar esta maldad. Sólo El puede librarnos de la destrucción labrada por el crimen. Sólo El puede sanar el corazón destrozado y traer esperanza a la vida quebrada.
Por esta razón, la Unión Femenil Misionera nacional, con su Proyecto AYUDA: Justicia restaurativa, desafía a la iglesia a participar en los ministerios de justicia restaurativa. Con este proyecto, la UFM quiere que los creyentes entiendan que Dios les está llamando para llevar su paz a cada parte del proceso de justicia criminal.
La justicia legal versus la justicia bíblica
En contraste con la perspectiva norteamericana de la justicia, la justicia restaurativa es un enfoque bíblico al problema del crimen y del castigo. Amós 5:24 declara, "Pero corra el juicio como las aguas, y la justicia como impetuoso arroyo." Dios nos llama en Miqueas 6:8 a "hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios." Al actuar con justicia, reconocemos que la justicia fluye del mismo carácter de Dios.
La palabra hebrea para la justicia a veces se traduce como "rectitud" o "santidad." Por lo tanto, para actuar con justicia, necesitamos ser rectos y santos como lo es Dios. Tristemente, eso no es el estado en el cual la mayoría de la gente vive, y es imposible aparte de la gracia que nos imparte Dios a través de Cristo. De acuerdo a Mary Jo Leddy, "Vivimos en una época de enclaves; hemos levantado puentes dejando afuera a los vulnerables y los que sufren de nuestra sociedad."3 Si vamos a actuar con justicia, debemos volvernos a conectar con los que sufren, aun con aquellos que consideremos la escoria de la humanidad.
Amar la misericordia significa amar con ternura. Charlie Taylor dice: "Esto requiere valor para volverse del miedo y la venganza al amor y la confianza. Toma fe para creer que sólo el amor sana."4 Si de veras amamos la misericordia, entonces extenderemos las manos a todos aquellos dañados por el crimen, incluso al delincuente.
Algunos dicen: "El camino a la justicia restaurativa la recorre aquel que se da cuenta que todos somos delincuentes por descubrir." En este camino nos sorprende la presencia de Cristo que camina junto a nosotros en los disfraces más inesperados.5 El caminar humildemente con nuestro Dios nos atrae al corazón de Aquel que se deleita en la "misericordia, juicio y justicia en la tierra" (Jeremías 9:24).
Para poner en práctica el llamado a actuar con justicia, amar la misericordia y caminar en humildad (véase Miqueas 6:8), debemos primero entender lo que realmente exige la justicia bíblica. Comenzamos con el concepto de shalom.
Traducido simplemente, shalom significa "paz." La paz bíblica, o shalom, significa la "existencia de relaciones correctas, armonía, integridad, lo completo. Caracterizaba la relación ideal entre los individuos, la comunidad y Dios. Como resultado de estos lazos, la comunidad tenía seguridad, prosperidad y bendiciones de Dios.
"El crimen destruyó shalom. Los delincuentes rompieron la armonía que existía entre ellos, sus víctimas, su comunidad y Dios. La respuesta bíblica al crimen entonces trata de restablecer las relaciones correctas ... entre las personas afectadas. La restitución-la recompensa a la víctima-es esencial para este proceso ...
"La ley del Antiguo Testamento con frecuencia exige la restitución."6 En el Nuevo Testamento (Lucas 19:1-10), "Jesús reconoció que la promesa de Zaqueo de recompensar en cuadruplicado a aquellos que él había engañado restableció su relación con la comunidad. La meta de la justicia bíblica, entonces, era shalom: lazos restablecidos entre los delincuentes, las víctimas, la comunidad y Dios."7
Actualmente, nuestro sistema nacional de justicia legal se enfoca en mantener el orden público y castigar a los delincuentes. Las víctimas, la comunidad y Dios no están en la ecuación. El crimen se considera una ofensa contra el estado, no una lesión a la víctima o la comunidad. No se requiere que las víctimas sean recompensadas, o que los delincuentes hagan lo correcto, o que la comunidad sienta que la justicia se haya triunfado.
En los años recientes, un movimiento para reformar el sistema ha comenzado a emerger. Mientras que la comunidad secular ha luchado por reformas tales como derechos y restitución financiera para las víctimas, se reconoce, aun por el mundo secular, que los programas más acertados son los implementados por la iglesia. Tres principios simples son generalmente aceptados como los que forman la fundación de la justicia restaurativa tradicional. Pero solamente agregando un cuarto principio podemos en verdad restablecer todos aquellos dañados por el crimen a un sentido de la paz o de shalom. El elemento primordial de estos cuatro principios es Jesucristo.
Por lo tanto, los cuatro principios de la justicia restaurativa basada en la Biblia son:
1. El crimen causa lesiones que deben ser reparadas.
2. Todos los partidos afectados por el crimen se deben incluir en la respuesta al crimen.
3. El gobierno y las comunidades locales deben desempeñar papeles cooperativos y complementarios.
4. El crimen es una manifestación de la maldad y, como tal, sólo Cristo puede superar su fuerza destructiva.
El perdón y la reconciliación
Para que ocurra la justicia bíblica, y así la justicia restaurativa, el perdón y la reconciliación deben existir entre delincuentes, víctimas, comunidades y Dios. La víctima y la comunidad son componentes dominantes en una justicia restaurativa basada en la Biblia. Desempeñan papeles vitales en las áreas del perdón y de la reconciliación.
El perdón es un tema delicado para los profesionales de la justicia criminal y la comunidad que respalda los derechos de las víctimas. Durante la década de los años 1990, la comunidad cristiana trabajó arduamente para educar a la comunidad secular sobre el significado bíblico del perdón. Neighbors Who Care ("vecinos que se preocupan") o NWC, un ministerio nacional de ayuda a las víctimas, desempeñó un papel importante en romper las barreras entre la comunidad que respalda los derechos de las víctimas y la iglesia. NWC incluso ganó el premio como la organización más excepcional de servicio a las víctimas, premio otorgado por la National Organization for Victim Assistance (organización nacional para ayuda a las víctimas) en 1999.
El ganar este premio prestigioso es significativo porque, hasta los últimos años de la década de los 1990, la mayoría de los grupos de derechos a las víctimas se oponían a la ayuda de cualquier organización religiosa. Esos grupos a menudo obstaculizaban el acceso de las víctimas a los programas religiosos por medio de la policía. Pensaban que los cristianos demandarían el perdón de las víctimas y se apresurarían a evangelizar, causando un daño adicional a personas ya traumatizadas. Estaban bajo la falsa impresión que los cristianos crean que el perdón excusa el crimen. Y a menudo no entendían la práctica cristiana de amar a los demás con acciones y luego usando palabras.
Quizás uno de los mejores ejemplos del perdón y de la reconciliación se encuentra en el libro de Debbie Morris, Forgiving the Dead Man Walking (perdonando al caminante muerto), el cual cuenta la historia de la caminata de Debbie con Dios y cómo ella luchó para rehacer su vida después de ser una víctima del crimen.
A los 16 años de edad, Debbie y su novio, Mark, fueron secuestrados de un parque frente a un río en la pequeña ciudad de Madisonville, Louisiana, con una población de unas 800 personas. A Debbie la violaron repetidas veces. A Mark le dispararon en la cabeza, le apuñalaron, y fue atado a un árbol y dejado por muerto. Los asaltantes eran dos hombres que recientemente habían secuestrado y matado a otra joven, Faith Hathaway. Literalmente por la gracia de Dios, Debbie y su novio sobrevivieron. Las declaraciones de Debbie fueron importantes en la condenación de Robert Willie y Joseph Vaccaro por sus crímenes, pero su viaje doloroso no terminó con el juicio.
Trece años después de la tragedia, Debbie quedó horrorizada cuando una monja de New Orleans escribió un libro detallando la vida y los crímenes de Robert Willie. Más adelante el libro se convirtió en una película, Dead Man Walking (el caminante muerto). Esto abrió de nuevo las viejas heridas que le traumatizaron. Pero también comenzó un proceso curativo que cambiaría por siempre la vida de Debbie. En su libro Debbie escribe: "Sabía que tenía que perdonarle-no por su bien sino por el mío. Hasta que lo hiciera no habría escape de las garras que su maldad tenía en mi vida ... Al perdonar a Robert Willie, yo de ninguna manera lo absolvía de su responsabilidad por lo que me hizo a mí, a Mark, a Faith Hathaway o a cualquier otra persona ... Si me negara a perdonarlo significaría que me aferraría a todo lo relacionado con Robert Willie-mi dolor, mi vergüenza, mi lástima de mí misma. Eso es lo que rendí al perdonarle. Y no fue hasta que lo hice, que el verdadero proceso curativo podría comenzar."8
Después de escribir su libro, Debbie visitó a su otro secuestrador, Joseph Vaccaro. Vaccaro se convirtió al cristianismo mientras que servía su sentencia de vida. El solicitó una oportunidad de participar en un programa de mediación entre los delincuentes y sus víctimas porque quería expresar su arrepentimiento y pedir el perdón de Debbie.
El libro de Debbie es una historia conmovedora que aborda los temas complejas que rodean el perdón y la reconciliación. Es también un recurso excelente para usar como estudio adicional a esta breve introducción y proporciona la perspectiva de una víctima del sistema de justicia criminal.
Reforma que demanda recompensa, reforma que reconstituye y reforma espiritual
"La mujer vieja está muerta," dice en referencia a sí misma Traci Hoisington Palmer, una ex-delincuente que por 25 años estuvo adicta a las drogas. "He pedido perdón de aquellos de quienes necesito pedirlo. Es maravilloso ser responsable, no tener ningún caso atormentándome, tener el pasado reparado."9
Algo que Traci y Debbie Morris han aprendido es que el perdón no significa que el crimen está excusado. De hecho, la justicia restaurativa bíblica rechaza excusar el crimen. Las historias del Antiguo Testamento claramente dictan el castigo y la restitución. La recompensa es una parte integral de la justicia de Dios e incluye una cierta forma de castigo. Pero un sistema "retributivo" de justicia, tal como el utilizado en los Estados Unidos hoy, es diferente a la justicia restaurativa bíblica porque para con el castigo. La justicia que demanda recompensa o retribución generalmente pregunta: "¿Cuánto dolor causó el delincuente?" Luego intenta infligirle al delincuente una cantidad similar de dolor. La justicia restaurativa pregunta: "¿Qué necesitamos hacer para reparar el daño?"
Porque el crimen saca al delincuente de un estado de rectitud o santidad y porque es una manifestación de la maldad, separa al delincuente de Dios. Los delincuentes deben ser restablecidos a Dios. Cuando esto sucede, desean hacer lo correcto con los demás para reparar el daño que han causado. Esto restablece un sentido de shalom a la comunidad, y trae a menudo un sentido de paz que ni el delincuente ni la víctima antes conoció, aun antes del crimen, porque Cristo ahora es parte de su vida.
Evelyn Christenson explica este concepto así: "Aunque Dios ya no nos hace responsables por los pecados que Él ha perdonado, seguimos siendo responsables a los seres humanos que hemos lastimado. Después de que nos hayamos arrepentido y reconciliado con Dios, todavía tenemos una responsabilidad hacia aquellos en contra de quienes hemos pecado. Esto es el paso de restitución: haciendo la compensación, pagando por la pérdida o el daño."10
Esto nos conduce al concepto de la reforma espiritual. En un sistema de justicia verdaderamente restaurativo, los delincuentes deben reconocer sus acciones como pecados contra Dios y arrepentirse de sus crímenes. La mente y la vida de los criminales pueden ser cambiadas solamente cuando Cristo cambia su corazón. Cristo es la clave para su reforma. Sin una reforma espiritual en el corazón de un delincuente, no puede haber restauración verdadera. Los delincuentes pueden pagar la restitución y decirles a sus víctimas cuánto lo sienten, pero sin pedir que Dios sea parte de su vida y sin buscar la reconciliación con El, continuarán causando sufrimiento a otros.
1 USA Today, 20 de marzo de 2000.
2 Crime and Victimization en America Statistical Overview (Resumen estadístico del crimen y la persecución en América), The National Center for Victims of Crime packet (paquete del Centro Nacional para las Víctimas del Crimen), 2001.
3 "Is There a Better Way? Restorative Justice Week: Community, Victims, Prisoners" (¿Hay una manera mejor? Semana de justicia restaurativa: La comunidad, las víctimas, los presos), folleto.
4 Ibid.
5 Ibid.
6 Chuck Colson y Daniel Van Ness, Convicted: New Hope for Ending America's Crime Crisis (Condenado: Nueva esperanza para terminar la crisis del crimen en Estados Unidos) (Westchester, Illinois: Crossway Books, 1989), 49-50.
7 Ibid.
8 Debbie Morris, Forgiving the Dead Man Walking (Perdonando al caminante muerto) (Grand Rapids: Zondervan Publishing House, 1998), 248-250.
9 Alice Lawson Sperapani, "Aftercare Leads Ex-Prisoner to Freedom" (Seguimiento conduce a una ex-prisionera a la libertad), Network News (Issue 4, 2000), 1.
10 Evelyn Christenson, When God Speaks (Cuando Dios habla), citado en Charles Colson, Justice: A Bible Study (Justicia: Un estudio bíblico) (Colorado Springs: NavPress, 1988), 78.
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2 Alcance de la justicia restaurativa
"Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu" (Salmo 34:17-18).
Una crisis de fe
¿Ha tenido un día en que todo le parece ir mal? Su niñera llega tarde. Se le quedan las llaves dentro del coche al cerrar la puerta. Se le rompe el talón de sus mejores zapatos. El tráfico está atascado, resultando en más atraso en su horario. Llega de prisas al correo porque tiene un paquete que debe ser enviado ese día. Después de esperar en línea por 20 minutos, finalmente llega a la ventanilla y el dependiente cortés pero firmemente le informa que ya son las 5:00 p.m., que las oficinas están cerradas y no le puede atender. Parado en el centro del establecimiento sintiéndose abatido y derrotado, probablemente pensaría que está experimentando una "gran crisis."
Por muy mal que días como éstos parecen, realmente no constituyen una gran crisis. Experimentamos a menudo grandes inconveniencias, pero estas no son verdaderas crisis. Sin embargo, si al prepararse para salir del correos, un cliente contrariado saca un arma y dispara contra todos en el establecimiento, entonces usted se ha enfrentado a una crisis verdadera.
Una crisis es un acontecimiento o un conjunto de acontecimientos que causa daño a personas o propiedad y abruma las capacidades que normalmente se usan para hacerle frente a las situaciones. Es un acontecimiento que cambia la vida y demanda que la persona tome decisiones importantes. Los chinos definen la crisis como una oportunidad para hacer cambios. En nuestras mentes, sin embargo, las situaciones de crisis son negativas. Traen a menudo trauma y sufrimiento. La persona generalmente tiende a optar por una de dos opciones cuando se enfrenta al crisis: o se vuelve a Dios buscando ayuda, o le da la espalda a Dios.
Los expertos del trauma llaman esto una crisis de fe. Cuando en crisis, incluso los que profesan ser ateos admiten que por lo menos se preguntan si es posible que existe un Dios. Porque las personas que experimentan trauma relacionado con el crimen enfrentan una crisis de fe, el cuerpo de Cristo debe estar dispuesto a guiar a estas personas a buscar a Dios.
Al intentar ayudar a otros, necesitamos reconocer que las personas que experimentan una crisis relacionada con el crimen pasan por sentimientos de pesar (grief) o pérdida. El sufrimiento y su intensidad varían de persona a persona. Para algunos, la pérdida de un sentido de seguridad en el mundo puede ser tan devastadora como el dolor de haber sido violada o que un padre fuera a la prisión. Es importante que les ayudemos a entender que estos sentimientos son normales. Es incluso aceptable si la persona se siente enojada con Dios. Él es más que poderoso para lidiar con ésta y cualquiera otra de nuestras emociones.
La persona en crisis necesita entender las diferentes etapas del pesar (grief), el hecho de que ella puede pasar por solamente algunas o todas de estas etapas, y que puede variar la orden en la cual lo hacen. Generalmente, las etapas del pesar se describen así: choque y negación; soledad y vulnerabilidad; llanto; dolor y un sentido de daño; pánico y ansiedad; culpabilidad y pesar; cólera y frustración; depresión y tristeza; esperanza y realización; y recuperación y reajuste. Saber y compartir esta simple información es la llave para efectivamente ayudar a estas personas afligidas en su proceso curativo.1
Mientras que el proceso curativo es similar para todos los afligidos, la manera en que el crimen causa el sufrimiento es diferente entre individuos y miembros de la familia. Para poder demostrar con eficacia el amor de Cristo, hay que entender sus problemas y así poder ayudar a los que sufren a buscar a Cristo en su época de crisis.
Delincuentes y sus familias
"[E]stuve ... en la cárcel, y vinisteis a mí" (Mateo 25:36).
"Oh gracia admirable, ¡dulce es! ¡Que a mí, pecador, salvó! Perdido estaba yo, mas vine a sus pies; fui ciego, visión me dio."2 Estas palabras tan familiares fueron escritas por uno de los delincuentes más atroces de la historia, John Newton, el capitán de una nave de esclavos, quien violaba y brutalmente golpeaba a los esclavos mientras que les robaba su libertad.3 Con todo Dios lo salvó y lo usó para crear uno de los cantos cristianos más queridos de todos los tiempos, uno que ha traído consuelo e inspiración a millones por más de dos siglos. El himno "Gracia admirable" nos recuerda que Dios nos ama todos, incluso los que cometen crímenes horribles.
Los delincuentes vienen de todos los grupos de la sociedad. Usted puede conocer a alguien que tiene un ser amado tras las rejas de una prisión. Las drogas y la violencia han impregnado cada sector de nuestra sociedad, y han llenado las cárceles y las prisiones de los Estados Unidos a desbordar. Casi 1.9 millones de adultos se encontraban en las prisiones y las cárceles de la nación antes del fin de 1998. Eso se traduce a un aumento de 600 por ciento en el número de los individuos encarcelados desde el principio del siglo.
Estos delincuentes dejan no solamente un rastro de víctimas directas, sino que también dejan a sus propias familias en el sufrimiento. Es difícil calcular el número de niños que tienen un padre o los dos padres en la prisión, pero se calcula que el número es igual al número de las personas encarceladas. Lo que sí sabemos por seguro es que los niños de los presos son los niños más en el riesgo en este país. El abuso infantil, la negligencia, el alcohol y otras drogas, el crimen, los fracasos en las escuelas, la delincuencia-estas situaciones ponen en peligro el futuro de los niños quienes tienen padres en la prisión. Algunos expertos dicen que estos niños tienen una probabilidad seis veces mayor que otros niños de ser delincuentes ellos mismos.
Estas familias están obviamente en crisis. Cuando un miembro de la familia va a la prisión, el mal del crimen hace víctima de la familia entera. "Puesto que aproximadamente el 94 por ciento de los presos de la nación son hombres, son generalmente la esposa y los hijos quienes se quedan atrás para defenderse como puedan. ... Pero cuando una madre está encarcelada, existen problemas peores. Hasta el 80 al 85 por ciento de estas madres, antes del encarcelamiento, tenían la custodia legal de niños bajo 18 años de edad y eran la fuente primordial de la ayuda financiera y emocional. ... Y para los padres que ven a sus hijos ir a la prisión, hay una pena devastadora que acompaña la vergüenza: la muerte de un sueño [para el hijo] y la frustración de no poder ayudar a un hijo o una hija. ... Aunque los miembros de la familia aman y se identifican con el encarcelado, a menudo sienten enojo y desprecio hacia el preso por causar la situación. Experimentan el desprestigio y el rechazamiento en la comunidad. Los niños no pueden entender ... por qué su padre ya no esta allí para ellos. ...
"La mayoría de los matrimonios no sobreviven la experiencia de la prisión. Por algunos cálculos, el 80 por ciento de los matrimonios terminan en divorcio. ... El esposo fuera de la prisión lucha contra toda clase de problemas. El ingreso regular a menudo desaparece. El o ella tiene que asumir nuevas responsabilidades abrumadoras de disciplinar y manejar la familia. A veces el esposo desarrolla resentimientos. ... Las probabilidades en contra de la unión matrimonial se convierten asombrosas."4
Tanto como los delincuentes necesitan oír el evangelio, sus familias que se han quedado atrás necesitan demostraciones del amor de Cristo. Los ministerios que se enfocan en los niños de los delincuentes logran hacer un enorme diferencia en su vida. Los programas como Angel Tree* y los campamentos Angel Tree (que amplían el proyecto de Navidad a un ministerio a lo largo del año) han dirigido a miles de personas a Cristo. En 2001, la meta era para que 5,000 niños de presos pudieran participar en un campamento cristiano Angel Tree. Éste es un trabajo importante del reino, porque los estudios muestran que más de dos tercios de todos los adultos que han aceptado a Cristo como su Salvador tomaron su decisión antes de la edad de 14. Con aproximadamente 1.9 millones de niños de presos, la iglesia tiene por delante una tarea impresionante.
*[Angel Tree es un programa por medio del cual se dan regalos de Navidad y el mensaje de salvación a los hijos de encarcelados en su área. Para información visite www.pfm.org.]
Ex-delincuentes
Otra área importante de necesidad es ministrar a los presos inmediatamente después de que salen de la prisión. Este tipo de ministerio se le llama aftercare ("cuidado después"). ¿Por qué son importantes los ministerios de aftercare? Porque sin este tipo de ministerio, un 72 por ciento de los ex-delincuentes volverían a una vida de crimen y terminarían regresando de nuevo a la prisión.5
La vida después de la prisión es extremadamente difícil para los ex-delincuentes y sus familias. En muchos casos, el procedimiento regular es darle al preso un cambio de ropa y un boleto para el autobús, y nada más. Si el ex-delincuente está apartado de su familia, lo más probable es que no tendrá dinero ni lugar a donde ir al ser puesto en libertad. Ni puede comprarse una comida. ¿A dónde puede ir? Lo más probable es que de nuevo regrese a las calles.
Los cristianos podrían hacer algo importante para combatir el crimen al proporcionarle alojamiento, empleo e iglesias que den la bienvenida al ex-preso recién salido de la prisión. "Network for Life," un ministerio nacional de aftercare, entrena a iglesias en cómo establecer ministerios efectivos de este tipo. Puede aprender más sobre esta organización, llame al 1-800-337-7933; escriba a Network for Life, P. O. Box 2433, Gordon City, MI 48136; o visite www.pfm.org (haga clic en "Aftercare").
Las víctimas del crimen y sus familias
"Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?
Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo.
Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.
Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevo al mesón, y cuidó de él.
Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese.
¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?
El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Vé, y haz tú lo mism." (Lucas 10:29-37).
Grace y sus seis niños estudiaban a la luz de velas: los niños, sus tareas escolares, y Grace, para sus cursos de derecho. Hicieron esto hasta una semana antes de que llegara la primera helada. Entonces Grace reconoció que iba a tener que pedir ayuda.
Una madre sola que trabajaba fuera del hogar, Grace le debía más de $1,000 a la compañía de electricidad y $200 al departamento del agua, y vivía agradecida al programa de almuerzo gratis de la escuela puesto que el dinero para los alimentos siempre estaba escaso. Cuando llegó la temporada fría, el no tener electricidad y agua resultó ser una batalla demasiada dura para Grace.
Ciertamente, Grace no contaba con la pobreza cuando ella y su marido, Joe, tuvieron sus seis niños. Deseaban una familia grande y trabajaban arduamente para mantener un hogar agradable en una vecindad segura, cuando la tragedia llegó a sus vidas. Sus sueños se hicieron pedazos cuando a Joe lo asesinaron mientras que trabajaba como gerente de un restaurante. A fines de 1999, apenas cuatro años después de su asesinato, la familia de Joe se enfrentaba a un obstáculo que no podrían sobrepasar solos.
Su viuda se sentía cansada y derrotada. Sus niños odiaban ser conocidos como los niños de "el hombre que mataron en el Burger King." Todos se sentían enojados y amargados porque alguien había tomado la vida de Joe. Y el vivir con tan pocos recursos hacía de cada día de fiesta, cada cumpleaños, y el aniversario de la muerte de Joe aún más doloroso. Sus corazones estaban como una herida abierta que no llegaba a curarse.
En su desesperación, Grace llamó a un ministerio cristiano local que brindaba ayuda a las víctimas del crimen. Hasta ese momento, ella se había opuesto al impulso de llamar porque ella ya no creía que Dios la amaba. ¿Por qué le ayudaría Dios ahora, especialmente después de que ella le había dado la espalda a Él? ¿Acaso no era Él el culpable de todo lo que le estaba pasando? Él debía haber protegido a Joe.
Lo que Grace necesitaba ahora era un milagro. Y eso es exactamente lo que recibió cuando los cristianos locales le mostraron que Dios todavía la amaba. Un voluntario del ministerio compartió lo que Grace y sus niños habían sufrido con un empleado de la compañía de electricidad. Este empleado comenzó una colecta entre sus colegas para pagar la cuenta de la familia. ¡En el plazo de sólo dos horas recaudaron sobre $1,000! En apenas unos días, todas las cuentas de Grace se pagaron.
A la petición de Grace, una voluntaria de respuestas a crisis la visitó. Comenzaron a trabajar en las cuestiones que interrumpían el progreso curativo de la familia. La voluntaria les explicó a Grace y a los niños que ella nunca podría saber verdaderamente su dolor, pero que ella comprendía que se sentían como si una herida se les hubiera quedado en el corazón.
La voluntaria les explicó el proceso de sufrimiento y les contó que muchas víctimas como Grace y sus niños se detenían en una de las etapas del sufrimiento. Les dijo que cada etapa es como una capa de piel que Dios va tejiendo para cerrar la herida. Les exhortó a que no se desanimaran. Les explicó que Dios cerraría eventualmente la herida, sólo dejando una cicatriz, y que la presencia de Cristo en su vida les ayudaría sobrellevar el dolor que resulta de una experiencia que deja la marca de una cicatriz.
Las iglesias de la ciudad se juntaron para resolver las necesidades de Grace. Muchas otras cosas milagrosas le sucedieron a esta familia. Las bendiciones que Dios derramó sobre ella fueron tantas que Grace reconoció que Él nunca la había abandonado. Su fe fue restablecida. Su familia comenzó a asistir a la iglesia otra vez y sus niños vieron cómo Dios usó el amor de otros para ayudar a curar y a restablecer sus vidas.
Tristemente, en los Estados Unidos, cada año hay sobre 30 millones de familias como la de Grace: vidas lastimadas por el crimen. Muchos experimentarán una crisis de fe, preguntándose por qué las cosas malas suceden y dónde está Dios en momentos como éstos. Algunos sólo necesitan un oído que escuche, algo que un voluntario cristiano puede proporcionar. Muchos pueden encontrar alivio simplemente con una nota que les recuerde del amor constante de Dios y su deseo de aliviar su dolor. Pero hay otros, como Grace, cuya vida se ha dañado tanto que necesitan una ayuda mayor. Necesitan que un cristiano camine con ellos diariamente mientras que le hacen frente a cada nueva lucha.
A ninguna de estas víctimas del crimen se le puede resolver sus necesidades si la iglesia no empieza por reconocer que existen. Son parte de nuestra comunidad. Aún pueden estar en los bancos de nuestros templos. Cristo nos llamó a ministrar a las víctimas del crimen en la parábola del buen samaritano. El elogió al samaritano por salir de su zona de comodidad y, aun poniendo a gran riesgo su propia seguridad, cuidar de una víctima del crimen. El samaritano incluso pagó por el cuidado de la víctima hasta que este hombre pudiera de nuevo valerse por sí mismo. Más que simplemente ponerle una venda al problema, el samaritano restableció a la víctima. Los líderes judíos, que representaban la iglesia de ese tiempo, deliberadamente pasaron de largo al lado de la víctima. El llamado de Cristo a nosotros es que seamos como el samaritano que decidió parar y a ayudar a su vecino que sufría.
Los profesionales de la justicia y sus familias
"Buscad lo bueno, y no lo malo, para que viváis; porque así Jehová Dios de los ejércitos estará con vosotros, como decís. Aborreced el mal, y amad el bien, y estableced la justicia en juicio; quizá Jehová Dios de los ejércitos tendrá piedad del remanente de José" (Amós 5:14-15).
"No existe grupo que más se enfrente con situaciones que puedan desmoralizar y crear cargas emocionales, mentales y espirituales que el de aquellos profesionales encargados de aplicar la ley,"6 dice Doris Gilbert, capellana con el departamento de policía de Amarillo, Texas.
Los oficiales de la policía local y estatal, los abogados y defensores públicos, los jueces y su personal son bombardeados con los actos malvados más atroces que la humanidad puede cometer, y lo ven al diario como parte de su trabajo.
Los policías llevan una carga adicional puesto que desean ayudar a proteger a la gente contra el mal del crimen. Como los describe Doris Gilbert, "Ellos son cuidadores. ... Estos profesionales son generalmente como la Madre Teresa vestidos con traje de John Wayne."7
Sin embargo, la policía generalmente no se siente valorizada por la población. Ciertos segmentos de la comunidad le temen mientras otros a menudo le critican por "no hacer lo suficiente para mantenernos seguros." Como mecanismo para poder hacerle frente a las situaciones, muchos de los profesionales se esfuerzan para llegar a ser inmune a los horrores del crimen y consecuentemente pueden darles a las víctimas la apariencia de que su sufrimiento no les importa. Los delincuentes los odian porque los hacen cumplir la ley. Y el "sistema" (o las costumbres de su profesión) a menudo los desalienta de buscar tratamiento profesional para combatir la tensión relacionada con su trabajo.
¿Es entonces causa de asombro que los policías tienen los índices más altos del divorcio y del suicidio de todas las profesiones? Ellos deben tratar con todas las cargas emocionales que acompañan el trauma. A menudo, llevan estas cargas a sus hogares y a sus familias, a menos que hayan encontrado el mejor de los mecanismos para hacerle frente a la situación, Jesucristo. Si a esta relación con Cristo se le agrega la ayuda de la familia cristiana (la iglesia), tenemos los ingredientes ideales para un profesional de policía bien equilibrado.
La fe en Cristo es de suma importancia para todos los profesionales relacionados con la justicia criminal. Como para cualquier persona, Cristo es la única fuente de vida eterna. También, esos profesionales son bombardeados repetidamente por la maldad, y necesitan conocer el amor del Salvador para poder sobrevivir las presiones y las tragedias. Los que no son cristianos a menudo se les hace difícil creer en un Dios cariñoso cuando ven tanto dolor y sufrimiento. Los cristianos en la profesión nos comunican la necesidad de que la iglesia y los cristianos individualmente demuestren el amor de Cristo con acciones que les muestren a estos profesionales que se preocupan por ellos. El capítulo 3 de esta guía enumera varias maneras en que las iglesias pueden ayudar.
La iglesia y la comunidad
"Quebrantado estoy por el quebrantamiento de la hija de mi pueblo; entenebrecido estoy, espanto me ha arrebatado. ¿No hay bálsamo en Galaad? ¿No hay allí médico? ¿Por qué, pues, no hubo medicina para la hija de mi pueblo?" (Jeremías 8:21-22).
Enterraron a Emily en el día en el cual habría cumplido sus 15 años. Era una joven brillante, cariñosa, que contaba con muchos amigos. Su vida fue arrebatada mientras que estaba arrodillada en el altar de su iglesia.
Cada sábado por la mañana, Emily y su madre, Emma, se reunían con otras mujeres y niños en el templo para orar. Un sábado su padrastro entró en el templo, le disparó en el corazón a Emily, hirió a su madre cinco veces, y aterrorizó a 13 otras personas que estaban presentes.
El acontecimiento traumatizó a los miembros de la iglesia. Un joven de 13 años que atestiguó el incidente preguntó repetidas veces: "¿Por qué se llevó Dios alguien como Emily que era tan buena?" Las viejas heridas emocionales se abrieron de nuevo en la vida de otros, porque 5 de sus 40 miembros fieles ahora tenían hijos asesinados. La comunidad entera estaba en choque que alguien había entrado al santuario de una iglesia a cometer un asesinato. Pero Dios estaba en su medio, trayendo paz en el dolor. La iglesia más adelante ayudó a comenzar un grupo de apoyo cristiano para familias y amigos de víctimas de asesinatos. Ellos ahora podían compartir la esperanza de Cristo con los demás.
Algunas semanas más tarde, Brian Tribble, ministro de música de una iglesia, estaba en su iglesia una noche para prepararse para un viaje el día siguiente a un evento para hombres cristianos en Washington, D.C. Brian no llegó a hacer el viaje. Un ladrón lo mató fuera del estudio del pastor. Brian dejó una joven esposa y cuatro niños pequeños.
Brian era un hombre bien conocido en la escuela secundaria local. Anunciaba los partidos de fútbol americano de la escuela; muchos jóvenes del área lo admiraban. Un acto de violencia sin sentido devastó a la comunidad entera. Una vez más, la gente fue sacudida por la noticia que alguien había sido asesinado dentro de una iglesia.
Apenas un año después, el mundo se quedó atontado al recibir las noticias que la Iglesia Bautista de Wedgwood en Fort Worth, Texas, era el sitio de un asesinato en masa. Centenares de jóvenes se habían reunido allí para un rally y concierto de "See You at the Pole" (evento en el que los jóvenes se encuentran alrededor de la bandera nacional en sus escuelas para orar). Un enfermo mental, sin ninguna conexión a la iglesia, entró al santuario y comenzó a disparar, matando a ocho personas, hiriendo a siete más, y marcando con una cicatriz a la comunidad entera.
Los cristianos alrededor del mundo comenzaron a orar inmediatamente cuando las peticiones de oración por medio del correo electrónico comenzaron a circularse. En un plazo de tres semanas, la iglesia recibió 10,000 notificaciones de que personas estaban orando por ellos. A través de los años, Wedgwood había sido la iglesia madre para millares de estudiantes del Seminario Teológico Bautista Southwestern. Centenares de ellos volvieron el domingo después del asesinato a adorar con su antigua iglesia.
Al Meredith, pastor de Wedgwood, dice, "Aun en medio de todo el dolor, Dios estaba allí." Dios usó a un héroe inesperado para ponerle fin al caos. El eligió a Jeremiah Knights, de sólo 19 años de edad, un joven en riesgo, criado por su madre. Su padre lo había abandonado cuando era bebé. Una iglesia vecina alcanzó a Jeremiah cuando era estudiante de escuela pre-secundaria, pero él se había apartado durante la secundaria.
Se hizo miembro de pandilla, con el pelo rojo, tatuajes y perforaciones. Pero apenas tres meses antes del incidente en Wedgwood, Jeremiah le había hecho frente a una crisis importante en su vida y había regresado de nuevo a Dios. Su iglesia le recibió con la bienvendia, ministrando a sus necesidades y mostrándole que todavía lo amaban. El le dio su vida a Cristo y prometió dejarse usar por Dios. El grupo juvenil de su iglesia había estado en Wedgwood para la reunión y el concierto.
De acuerdo a Al Meredith, "Jeremiah subió sobre una banca de la iglesia. Mientras se mecía repetía: 'Dios, por favor, hazlo parar, hazlo parar.' Por unos segundos los disparos cesaron mientras que el asaltante volvía a cargar su arma. Dios tomó control de Jeremiah. Jeremias le dijo al asaltante: 'Señor, yo sé lo que usted necesita. Usted necesita a Jesucristo en su vida.'
"El hombre maldijo, terminó de cargar su arma y la apuntó a Jeremiah. 'Está bien,' le dijo Jeremiah. 'Dispara, pero si me muero sé que voy al cielo. ¿Sabe usted a dónde va?'
"Con estas palabras, creo que el espíritu de muerte y destrucción salió del hombre al ser confrontado con la verdad. Larry Ashbrook se dio cuenta de lo que estaba haciendo, se desplomó sobre una silla y disparó contra su propia cabeza, poniendo fin a la matanza. Dios estaba allí. Dios estaba allí."
Cuándo se le pregunta cómo ellos enfrentaron el dolor, Meredith dice, "¿Qué podíamos hacer? ¿Abandonar a Dios? Eso no es una opción. ¡No hay esperanza sin El! Sabe Dios que este mundo violento, trastornado y fuera de control necesita la esperanza."
En el servicio memorial de Wedgwood, Meredith compartió el evangelio de Jesucristo. CNN transmitió sus palabras alrededor del mundo. Oyeron el mensaje de salvación 200 millones de personas. En Japón, donde mucha gente ha estado resistente al evangelio, 35 japoneses en una reunión oraron para recibir a Cristo. El servicio incluso fue transmitido a por lo menos un país en donde puede ser peligroso apenas decir el nombre de Jesús.
Al Meredith tenía razón. Dios había estado allí con ellos en medio de todo.
Y Dios ha estado con nosotros mientras que los asaltos en las escuelas y las iglesias hicieron titulares internacionales. El abrió las puertas para que los cristianos den testimonio público de que El puede curar los corazones heridos y las comunidades con cicatrices. Dios usó la maldad del crimen para su gloria con los acontecimientos en Littleton, Colorado, y la Iglesia Bautista de Wedgwood.
El puede también usar estos acontecimientos como un llamado a su iglesia para que despierte. Hasta la década de los 1990s la mayoría de la gente pensó en el crimen como algo que sucede fuera de las paredes de la iglesia, en alguna otra calle y en otras comunidades. Era mucho más fácil que los cristianos pasen por alto la crisis de la extensión del crimen en los Estados Unidos. Esto ya no es verdad. Los asaltes en las escuelas y en las iglesias de los barrios suburbanos nos están forzando a reconocer la devastación que producen estos actos de maldad. Dios nos está llamando para que participemos en los ministerios de la justicia restaurativa.
Notas
1 Lisa Barnes Lampman, ed., Helping a Neighbor in Crisis (Ayudando a un vecino en crisis) (Wheaton, Illinios: Tyndale House Publishers, 1997), 18-21.
2 "Gracia admirable," tr. Adolfo Robleto, Himario Bautista (El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones, 1978).
3 Kay Arthur, Lord, I Need Grace to Make It (Señor, necesito de la gracia para hacerlo) (Sisters, Oregon: Multnomah Books, 1989), 13.
4 Ibid., 169-70.
5 Betty Hassler, comp., Leading Criminal Justice Ministry: Bringing Shalom (Dirigiendo un ministerio de justicia criminal: Trayendo Shalom) (Nashville: LifeWay Church Resources, 1998), 38.
6 Dan Martin, "Lawmen Need Ministry Too, Chaplain Says," Restorative Justice News ("Los representantes de la ley también necesitan que se les ministre, dice un capellán," Noticias de la Justicia Restaurativa), May-August 2000, 1.
7 Ibid., 5.
3 Proyecto AYUDA: Justicia Restaurativa
Ministre a los profesionales de la ley y la justicia
El propósito de la justicia
restaurativa es animar la participación del pueblo de Dios en el proceso de llevar
sanidad, integridad y paz a las víctimas, a los delincuentes, a los
profesionales de la justicia y a las comunidades afectadas por el crimen. A
medida que los cristianos y las iglesias aprenden más sobre la justicia
restaurativa, mejor reconocerán las oportunidades para el ministerio y la
intervención y descubrirán el papel crucial que desempeñan en el proceso de la
restauración.
Considere los ejemplos
siguientes, basados en una historia verdadera. ¿Cómo podrían las cosas haber sido
diferentes si la iglesia hubiera sido educada en el área de los ministerios de
la justicia restaurativa?
Los muchachos sobrevivieron y fueron
acusados de homicidio involuntario. El evento rasgó la iglesia y la comunidad
entre las familias. Mientras que los miembros de la iglesia y su personal
sentían compasión por las familias de las muchachas, también se preocupaban por
los muchachos que ahora enfrentaban la prisión. El domingo después de las
muertes, el pastor habló sobre la compasión y el perdón. La siguiente semana,
las familias de las muchachas recibieron un choque al ver un letrero frente a
su iglesia que leía: “Jim, Dave y Alan, estamos orando por ustedes.” “Cómo
pueden hacer esto?” comentó la madre de una víctima. “¿Quién está rogando por
nosotros? Esos muchachos mataron a mi hija, y nuestra iglesia sólo piensa en ellos.
Si van a la prisión, regresarán a sus hogares en algunos años, pero mi hija
nunca regresará.”
Una gran división comenzó en la iglesia. Algunos se pusieron de parte
de las familias de las víctimas mientras otros tomaron el lado de los
delincuentes. Los padres de las muchachas inmediatamente dejaron la iglesia en
una neblina de dolor y confusión. Varias otras familias se sentían igual y
pronto les siguieron. Algunos de los familiares e amigos de las muchachas no
estaban dispuestos a asistir a ninguna iglesia debido a las heridas profundas
que sufrieron a la mano de otros cristianos, cristianos que supuestamente les
amaban.
Cuando los profesionales judiciales y los grupos locales de servicio a
víctimas se enteraron de la controversia, aumentaron aun más su cinismo sobre
las iglesias, citando esto como “otro caso de delincuentes que recurren a la
religión cuando se sorprenden haciendo el mal.” Muchos de los profesionales
judiciales sólo podían ver a otra iglesia que saltaba para defender a
delincuentes y que no hacía caso de las necesidades de las víctimas.
¿Cómo habrían podido los ministerios de justicia restaurativa hacer
una diferencia en esta situación?
Si los miembros de la iglesia hubieran tenido la oportunidad de
participar en algo como Proyecto AYUDA: Justicia restaurativa, la iglesia
habría sido educada de antemano sobre las cuestiones que rodean el crimen y
aquellos que el crimen afecta. El pastor habría sabido que era inadecuado que
él consuele a los delincuentes y a sus padres de una manera tan pública
inmediatamente después del crimen. Lo habría podido hacer en privado y les
habría permitido a las familias de las muchachas el tiempo necesario para
experimentar las etapas iniciales de sufrimiento sin que se les infligiera
“lesiones secundarias.” La iglesia habría entendido que el letrero que
declaraba apoyo a los delincuentes y el sermón que exhortaba al perdón
solamente dos días después del evento podrían haber sido inoportunos. Los
miembros de la iglesia entrenados en la justicia restaurativa habrían podido
ayudar a prevenir tales acciones que hacen daño.
Aquellos entrenados en el trabajo con las víctimas habrían podido
ayudar a las familias y a los amigos de las muchachas a entender la variedad de
emociones que enfrentarían en los meses y los años que vienen. También habrían
podido compartir estrategias apropiadas para enfrentar estas emociones y
ayudarles a comprender las cuestiones espirituales implicadas en el asunto.
Aquellos afligidos por la pérdida de las muchachas podrían eventualmente haber
llegado al perdón y la reconciliación con los muchachos que causaron sus
muertes.
Otras personas entrenadas en ayudar a los delincuentes y a sus familias
habrían podido trabajar con los muchachos y sus familias. Habrían podido
explicarles el proceso de la justicia criminal y acompañarles en los días
asustadizos que conducirían a sus juicios y su encarcelamiento. Habrían podido
explicarles el punto de vista de Dios sobre la justicia, ayudando a los
muchachos a aceptar la responsabilidad por sus acciones. Habrían podido
explicarles el concepto del perdón, ayudándoles a entender que el castigo es
parte de tomar responsabilidad por su crimen. También habrían podido ayudarles
a entender la importancia de expresar compasión a las familias de las víctimas
por su dolor, sufrimiento y pérdida.
Todavía otros habrían podido sentarse con las familias de las víctimas
y de los delincuentes durante los juicios. Habrían podido hacer arreglos con un
experto especializado en el trauma relacionado con el crimen, para que les
hablara al grupo de jóvenes de la iglesia después de la muerte de las
muchachas, ofreciéndoles consejo personal a aquellos que sintieran esa
necesidad. Y lo más importante, el pastor y el personal de la iglesia nunca
habrían dado la impresión de “tomar lados.”
Los miembros del equipo ministerial de justicia restaurativa de la
iglesia y otros miembros de la iglesia podrían haber visitado a los muchachos en
la prisión y a las familias de las muchachas, periódicamente a través de los
próximos años. Podrían haber enviado tarjetas de condolencia en los cumpleaños
de las muchachas y en el aniversario de su muerte, para consolar a los padres.
A través de todo el tiempo, la iglesia podría, como cuerpo e individualmente,
haber orado por los muchachos y los parientes y amigos de todas las familias
afectadas.
Una iglesia que hace estos esfuerzos proporciona un testimonio de gran
alcance a los profesionales de la ley y la justicia criminal. Sobre todo, la
iglesia demuestra a la comunidad entera el amor y la compasión de Jesucristo.
Ayudan a restaurar el shalom.
Cómo dirigir el Proyecto AYUDA: Justicia restaurativa
¿Qué es la “justicia restaurativa”? Básicamente, la justicia
restaurativa procura reparar relaciones, pero el término significa algo
diferente para la comunidad secular que para la comunidad cristiana. Una parte
de la comunidad cristiana se enfoca en la restauración del delincuente aparte
del reconocimiento de la necesidad que también existe de restaurar a la víctima
y a la comunidad a un sentido de la paz. En contraste, la comunidad secular
tiende a enfocarse principalmente en la víctima y a menudo no le da importancia
al papel que la fe debe desempeñar en la verdadera justicia restaurativa. La
“justicia restaurativa” es un término relativamente nuevo que se usa para los
ministerios de la justicia criminal.
Proyecto AYUDA: Justicia restaurativa usa esta definición: La justicia
restaurativa educa y equipa al pueblo de Dios para resolver las necesidades de
las víctimas, los delincuentes, los profesionales de la ley y las comunidades,
dando por resultado un cambio bíblico en el sistema de la justicia criminal.
En esta comprensión, todos aquellos afectados por el crimen deben ser
restaurados a un sentido de la paz o el shalom. Esto puede suceder
solamente cuando el pueblo de Dios le puede llevar a Cristo a aquellos dañados
por el mal del crimen.
La meta del Proyecto AYUDA: Justicia
restaurativa es triple:
• Educar. Ayudar a
los miembros de la iglesia a desarrollar un conocimiento (a) del ministerio de
la justicia restaurativa y (b) de la necesidad de que la iglesia participe.
• Motivar. Desafiar
y equipar a los miembros de la iglesia para que personalmente participen en el
ministerio de la justicia restaurativa.
• Activar. Guiar a
los miembros de la iglesia a comenzar o a participar en un ministerio de la
justicia restaurativa.
La UFM, patrocinadora del Proyecto
AYUDA: Justicia restaurativa, es la organización de mujeres protestantes más
grande del mundo. Cada dos años, la UFM llama a sus miembros y las iglesias a
la acción al tratar un tema social específico. Individuos y grupos de otras
iglesias son bienvenidos a unir sus esfuerzos con los ministerios de la justicia
restaurativa. Para participar, estos individuos y grupos deben:
• llegar a una comprensión básica de la justicia
restaurativa;
• determinar las necesidades de justicia
restaurativa en su comunidad e identifique los recursos disponibles;
• determinar lo que se puede hacer para ayudar a
resolver una o más de esas necesidades;
• planear un proyecto de ministerio de la justicia
restaurativa (algunas sugerencias siguen);
• llevar a cabo un proyecto de ministerio de la
justicia restaurativa; y
• evaluar el proyecto e informar de sus resultados a
la UFM nacional.
Los individuos y los grupos deben entender varios conceptos
principales antes de emprender cualquier forma de ministerio de justicia
restaurativa. Todas las personas afectadas por el crimen enfrentan una cierta
forma de crisis, y porque el elemento del mal es una parte integral de esta
crisis, las cuestiones espirituales deben ser tratadas.
Las personas a menudo vienen a la iglesia en tiempos de crisis. Según
los estudios, en los momentos de crisis en los EE.UU. es probable que se busque
a líderes de la iglesia más que a cualquier otra persona. Un estudio reveló que
las personas que han experimentado la muerte de un ser querido son casi cinco
veces más probable de buscar la ayuda de un clérigo que de todos los demás
recursos de la salud mental combinados. Esas personas vienen a su comunidad de
la fe en busca de consuelo, dirección y ayuda en tiempos de crisis.
Los clérigos y demás miembros de la iglesia pueden desempeñar un papel
vital en dirigir la respuesta de su comunidad al crimen y los acontecimientos
traumáticos como el encarcelamiento de delincuentes. Distinguimos a menudo los
traumas naturales, como inundaciones, huracanes y terremotos, de traumas
intencionales y criminales, como el hurto, el asalto, el terrorismo y el
asesinato.
Una crisis afecta a los individuos así como una red de otras personas,
incluso miembros de la familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos y
miembros de la iglesia. La violencia contra un solo niño puede encolerizar y
afligir a la comunidad entera, aunque pocos conocen al niño personalmente. La
crisis afecta a veces a comunidades enteras—incluso una nación entera—debido a
la naturaleza de la violencia. Considere los resultados en los EE.UU. y
alrededor del mundo después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de
2001.
Impacto y efectos de la crisis
Los efectos inmediatos de la crisis pueden incluir lesiones físicas de
muchas clases y grados, incluso la pérdida de vida. Estas lesiones, con sus
costos emocionales y financieros a las víctimas, las familias, los amigos y la
comunidad, pueden durar por meses, años e incluso el resto de la vida.
La pérdida de propiedad puede ser significativa y puede producir
efectos a largo plazo que sirven como recordatorios dolorosos. Las
localizaciones físicas de incidentes traumáticos pueden convertirse en puntos
focales o “capillas” que conmemoran a las víctimas e inducen memorias o
sensaciones de los acontecimientos.
Los costos financieros, como los para el tratamiento médico de
emergencia, pueden agotar y exceder las capacidades de una persona. Las
respuestas emocionales incluyen el choque, la incredulidad, la confusión, el
terror, la cólera y el sentirse sin poder. La esperanza en el futuro puede
desaparecer y ser substituida por la resignación y la desesperación. La
franqueza hacia los demás se puede volver en la tendencia a formar estereotipos
y el odio. El sentido de seguridad en su casa y la comunidad puede cambiarse en
sensaciones de estar bajo ataque por las fuerzas del mal fuera de su control.
La erosión de la confianza destruye el sentido de la comunidad.
Las crisis traumáticas producen a menudo una sensación profunda de que
la vida nunca será igual. Los individuos y las comunidades llevan los efectos
del trauma por meses y años en el futuro. Ya sean víctimas del crimen, familias
de los delincuentes o profesionales de la ley, todos aquellos en crisis
necesitan ayuda en tres áreas fundamentales: seguridad física, seguridad
emocional y seguridad espiritual. A continuación se encuentran algunas maneras
prácticas de ayudar en estas áreas.
Seguridad física
• Ayudar a los individuos con necesidades de
seguridad. Ponerse en contacto con miembros de la familia, localizar números de
teléfono, ofrecer transporte y ayudar con preparativos para entierros y
servicios fúnebres.
• Ofrecer refugio, alimentos y el apoyo de voluntarios
a la policía, al personal profesional que ayuda a las
víctimas y a los equipos de respuesta en casos de crisis.
• Proporcionar centros de compasión—lugares seguros y
cómodos donde se puedan congregar las víctimas y los sobrevivientes, al igual
que sus familiares y amigos. Las familias de ambos, los delincuentes y las
víctimas, a menudo necesitan estos lugares durante los juicios, los cuales
pueden durar días o semanas. Las familias de los delincuentes también necesitan
centros de compasión cerca de las prisiones, que se puedan usar mientras
visitan a sus seres queridos.
Seguridad emocional
•
Haga el contacto, establezca una relación de comprensión, y escuche. No importa
si la persona es una víctima directa del crimen, un amigo o pariente de una
víctima del crimen, o amigo o pariente de un delincuente, esta persona necesita
a alguien que pueda ofrecer empatía con sus emociones de cólera, rabia,
venganza, tristeza, confusión, frustración y la sensación de estar fuera de
control. No juzgue; sólo permita que expresan sus emociones.
• Use las estrategias de la intervención de crisis y
las técnicas de escuchar activamente. Las víctimas tienen tres necesidades
básicas. Necesitan seguridad.
Necesitan ventilar y ser validados.
Necesitan alguien que les ayude a predecir y a prepararse para el
futuro.
•
Asegure a las víctimas que sus reacciones son reacciones normales a un
acontecimiento trágico y anormal.
•
Afirme el mal o lo injusto de lo que ha sucedido. Esto es particularmente
importante cuando la crisis ha sido brutal.
•
Ayude a la persona a comprender que cada persona vive su aflicción de modo
diferente.
•
Anime a la persona a que guarde un diario de sus reacciones junto con las
circunstancias o situaciones que evocan dolor y las reacciones emocionales.
•
Cuando sea necesario, sugiera tratamiento profesional o ayuda médica a un plazo
más largo. Recuerde que las familias del delincuente necesitan grupos de apoyo
y consejería tanto como las víctimas directas y sus familias. Ayude en la
búsqueda de la ayuda financiera para pagar los servicios profesionales si no
pueden encontrar servicios gratis.
•
Permita que las víctimas tomen control de sus decisiones.
Seguridad espiritual
• Pregunte a
las víctimas si asisten a una iglesia. Ayude a estas víctimas a ponerse en
contacto con el personal ministerial de sus iglesias cristianas para la ayuda y
el apoyo que necesitan.
• Pregunte a las víctimas si quisieran que usted ore
con ellas y por ellas. Pocas personas se niegan a que oren por ellas.
• Pregunte
cómo el crimen ha impacto su vida espiritual y su relación con Dios.
• Pregúnteles
cómo su fe en Dios puede ayudarles a enfrentar la crisis.
• Ayude a
buscar la Palabra de Dios con ellos y no sólo por ellos.
• Si la
persona no tiene Biblia, proporcione una traducción de la Biblia que sea fácil
de entender. (Through the Storm es una Biblia producida por la Sociedad
Bíblica Internacional, diseñada especialmente para personas que han
experimentado una crisis relacionado con el crimen.)
• Permita
que las víctimas hagan preguntas acerca de la fe y del carácter de Dios, sin
sentir que usted tiene que proveer una respuesta. En algunos casos, lo mejor es
decir que usted tiene algunas de esas mismas preguntas también (si así lo es).
• Comparta el amor de Cristo de maneras prácticas.
Asegure a las víctimas que usted les está ayudando porque Dios les ama.
La iglesia puede desempeñar
un papel vital en responder a las crisis relacionadas con el crimen en una
comunidad. Pero la iglesia debe estar lista y debe prepararse. Al responder, la
iglesia se convierte en las manos y los pies de Cristo, ofreciendo consuelo,
cuidado y apoyo a la gente que sufre. Abajo se encuentran algunas sugerencias
para conducir una evaluación de su comunidad y las cosas específicas que su
iglesia puede hacer para ayudar a las personas afectadas por el crimen. Use
estas sugerencias en conjunto con la información sobre la crisis previamente
proporcionada.
Cómo realizar una evaluación de la comunidad
Cualquier ministerio bien pensado incluye una evaluación cuidadosa de
las necesidades y de los recursos actuales de la comunidad. Un coordinador,
junto con voluntarios seleccionados, debe supervisar la evaluación.
Puede ser que un número de servicios ya estén disponibles para ayudar
a las víctimas, los delincuentes, los ex-delincuentes, los profesionales de ley
y sus familias, pero es posible que el público general no esté enterado de
estos servicios. Una evaluación de la comunidad puede evitar el duplicar esos
servicios o ignorar la necesidad de otros servicios que su ministerio puede
ofrecer.
Se puede conducir la
evaluación de la comunidad en tres pasos. Cada paso es crítico para ver el
cuadro completo de las necesidades relacionadas con la justicia restaurativa y
los recursos disponibles.
1. Identifique las necesidades específicas del grupo(s) que planea
servir y determine cómo se están resolviendo o supliendo esas necesidades.
2. Junte información sobre los servicios existentes de justicia
restaurativa para ayudarle a determinar qué servicios debe proporcionar su
ministerio.
3. Evalúe la información y compile un directorio útil de los recursos
existentes.
Antes de comenzar un ministerio de justicia restaurativa en cualquier
área, necesita encontrar respuestas a preguntas específicas. Aun cuando se está
bastante seguro del área específica de servicio que desea emprender, es sabio
explorar las necesidades y los servicios disponibles para todos los grupos
enumerados en esta sección. Las hojas de trabajo de la evaluación de la
comunidad (páginas 57-67 de Restorative Justice Ministry Resource Guide)
se han diseñado para obtener estadísticas y para determinar los vacíos que
existen en cuanto a los servicios de justicia restaurativa.
• Duplique y use el formulario en la página 57 (Restorative Justice
Ministry Resource Guide) con su departamento local de la policía,
departamento del sheriff y/o la oficina del fiscal. Pida que el
personal de estas agencias contesten las preguntas 1, 2, 10 y 11 solamente.
También duplique y use este formulario con las agencias de servicios para
víctimas y las agencias y ministerios de servicio a la comunidad, pidiendo que
contesten todas las preguntas.
• Duplique el formulario en
la página 59 para usarlo con los funcionarios locales de la cárcel y de la
prisión, haciéndoles las preguntas 1 y 5. También use el formulario con otros ministerios e iglesias,
haciendo todas las preguntas.
• Duplique y use el formulario en la página 61 con los funcionarios
locales de la libertad condicional (probation) y del parole,
haciéndoles las preguntas 1 y 4 solamente. Póngase en contacto con otros
ministerios e iglesias, haciendo todas las preguntas.
• Duplique y use el formulario en la página 60
mientras hable con los representantes de las agencias, los ministerios y las
organizaciones de servicios en el área geográfica que planean servir. Descubra
lo que otros ministerios e iglesias están haciendo para suplir las necesidades
de las familias de los delincuentes. También puede obtener información de los
departamentos locales relacionados con recursos humanos, el bienestar de los
niños, la policía y el sheriff; y de las instalaciones correccionales,
de rehabilitación y de detención del condado, del estado, federales o privadas.
• Póngase en contacto con las oficinas locales del departamento de la
policía o del sheriff para determinar necesidades en esta área, haciendo
las preguntas 1–3 y 6–7 en el formulario en la página 58. También hable con el
personal de programas locales de capellanes y de otros ministerios, agregando
las preguntas 4 y 5.
Ministre a los profesionales de la ley y la justicia
•
Ore por que Dios bendiga a los profesionales de la ley y la justicia criminal
de su comunidad. Ruegue que sus esfuerzos ayuden a traer a oficiales perdidos a
Cristo y a reafirmar la fe de los oficiales cristianos. Identifique y recuerde
a todos los individuos que trabajan en estas áreas, inclusive oficiales,
jueces, abogados, administradores, capellanes, oficiales del servicio a las víctimas, miembros de la comisión de parole;
oficiales de la libertad condicional, trabajadores sociales, guardas, personal
del departamento de correcciones, personal que trabaja en las oficinas de estas
agencias y en las cárceles y cortes judiciales, y muchos otros más.
•
Lleve a cabo un día de aprecio a los oficiales. La semana nacional del policía
ocurre generalmente durante la tercera semana de mayo cada año. Seleccione un
día para reconocer a los oficiales de la ley. El propósito es expresar el
aprecio a estos individuos que a menudo son pasados por alto cuando se
consideran a las víctimas del crimen. Como extensión de su proyecto durante la
semana nacional del policía, anime a su iglesia a que haga algo especial
durante los servicios de domingo. Pongan un cartel que muestre que la iglesia
agradece a los oficiales por su servicio. Distribuya cintas azules que se
puedan atar a las antenas de los vehículos. Pida que los miembros de la
congregación oren a través de la semana por aquellos que sirven o tienen
familiares que sirven en estas áreas, nombrando cada individuo si es posible.
•
Obtenga la aprobación del jefe, guarda o sheriff del departamento de la
policía local para hacer algo especial por cada oficial durante la semana
nacional del policía.
•
Proporcione refrigerios para los oficiales en sus estaciones, la prisión o la
cárcel. No se olvide de incluir a los oficiales de cada turno.
•
Dé a cada oficial un pequeño regalo con una nota de aprecio. Reclute a los
niños y a los jóvenes de su iglesia para ayudar. Haga banderas para colocar en
la estación. Un grupo de niños escribió
cartas que agradecían a los oficiales por mantenerlos seguros y se las pegaron
en los armarios de los oficiales.
•
Consideren “adoptar” a un oficial (u otro profesional de la ley o la justicia
criminal) y a su familia. Hagan cosas especiales para ellos a través del año.
•
Ofrezca espacio en su templo u otras facilidades de su iglesia para reuniones
de grupos de apoyo para las familias de los profesionales de ley.
•
Planee actividades y sirvan como anfitriones para un día de reconocimiento a
estas familias.
•
Anime la participación de miembros de la iglesia en coleccionar y proveer
artículos útiles para los policías en su trabajo que puedan llevar en sus
vehículos (como paquetes de dulces o galleticas, cajas de jugo, paquetes de
artículos de higiene, animales de peluche para los niños, etc.). Pregunte a los
oficiales el tipo de artículo que necesitan y que se les permite usar al acudir
a la ayuda de la comunidad.
•
Provean regalos a los nuevos graduados de las academias de la policía o de
otras agencias o departamentos judiciales.
•
Patrocinen un desayuno de oración para los profesionales de la justicia en su
área.
•
Anime a otras iglesias que se junten con su iglesia en estos proyectos.
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