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Misioneros hispanos viven el llamado

 

El Señor siempre está llamado. No ha dejado de decir: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros?” (Isaías 6:8 NVI1). Al igual que Isaías, hoy Margarita, Fernando, Manuel, Jaime, Olga, David, Violeta, Jorge, Dorcas, Consuelo, Sarah y Alejandro han respondido. Ellos son algunos de los centenares de hispanos que hoy en día están diciendo: “Aquí estoy. ¡Envíame a mí!”

 

Hay más de 150 misioneros hispanos que sirven con la Junta de Misiones Internacionales. Y hay otros miles que están sirviendo con otras agencias misioneras de América Latina y los Estados Unidos. Según COMIBAM2, en el año 2001, había más de 6,450 misioneros latinos transculturales que trabajaban en casi todos los países del mundo. Más y más hispanos están despertando a la visión de evangelizar a los pueblos no alcanzados y están abrazando el concepto de convertirse en fuerza misionera en vez de receptor de misioneros.

 

Los jóvenes hispanos: atrevidos y entregados

Raquel* es una misionera hispana de segunda generación. Sus padres y hermanos menores actualmente trabajan con un grupo no alcanzado de África. Raquel tiene 25 años y terminó su servicio como journeyman3 en mayo de este año. Durante los dos años de servicio, vivió en cinco países diferentes, pero siempre con el mismo grupo étnico. Trabajó como maestra de inglés, siempre con la meta de establecer amistades y ganar oportunidades para hablar de su fe.

 

A pesar de haber crecido en un ambiente transcultural, Raquel experimentó los mismos sentimientos de soledad e insuficiencia que experimenta cualquier persona. Sin embargo, testifica de la manera extraordinaria en que Dios le mandó consuelo, fe y amistades en los momentos más difíciles.

 

Ser hispana le sirvió mucho con su grupo étnico. Se vestía con ropa tradicional y la gente “vio un reflejo de sí misma” cuando la veía. Cuando le preguntaban de dónde era, ella siempre decía México. Ellos respondían: “Pero, su papá tiene que ser árabe.” Según Raquel, “Ellos no podían creer que no era una de ellos,” de tal modo que “me adoptaron” rápidamente. El hecho de compartir la apariencia física y varias características culturales le dio muchas oportunidades de vivir su llamado.

 

Los mayores de edad: apasionados y valientes

José* y Mónica* no esperaban dejar un ministerio fructífero y responder al llamado misionero. Hace dos años, habían alcanzado un nivel económico confortable y estaban anticipando un buen descanso durante la jubilación. Pero Dios tenía otros planes. Cuando salieron a un viaje misionero por una semana, el Señor les mostró claramente la oscuridad espiritual de una ciudad grande. Ahora su visión es ver un movimiento de plantación de iglesias entre los pueblos árabes. ¡Y quieren hacerlo por medio de equipos de misioneros hispanos y latinoamericanos!

 

Han desarrollado un proyecto para la organización de equipos, la capacitación y el envío de misioneros a lugares estratégicos. Han postergado su jubilación por unos cuatro o cinco años más porque están convencidos de que Dios quiere que los hispanos alcancen a la gente de esta región.

 

Igual que Raquel, José y Mónica han encontrado muchas cosas en común con la cultura árabe. Explican que los árabes viven en una tensión entre dos mundos. Culturalmente son personas alegres que disfrutan de las fiestas, el tiempo con la familia y las cálidas relaciones interpersonales. Sin embargo, su religión los tiene oprimidos, solemnes y con un machismo exagerado. José dijo: “Es diferente aprender la cultura árabe desde la perspectiva hispana en vez de desde la perspectiva angloamericana. La identificación es mucho más fácil y el hispano en los Estados Unidos ya ha tenido la experiencia de cambiar de culturas.”

 

Un área que José y Mónica enfatizan es la intercesión. “Nuestro nivel de oración estaba en pañales. Hemos aprendido que no podemos salir del apartamento sin haber orado.” Dedican el día viernes (el día sagrado de los musulmanes) a caminatas de oración. Mientras caminan por las comunidades, hablan en voz alta en español. Como nadie los entiende, alaban a Dios por todo lo que está haciendo y claman por la gente de la ciudad. Piden sabiduría y, más que todo, gracia para poder amar a las personas de su grupo étnico.

 

Aunque es peligroso compartir su fe en la región donde viven, José y Mónica han aprendido a no vivir nerviosos por asuntos de seguridad. Dios les ha dado la oportunidad de conocer a muchas personas y el discernimiento para saber cuándo hablar abiertamente. Cierta vez conocieron a un hombre llamado Manuel*. Después de un trauma en su vida, Manuel se acercó a José a la medianoche y quería “estudiar más.” Leyeron juntos tres capítulos del libro de Juan, y Manuel reconoció la divinidad del Hijo. José dijo: “Ellos no lo saben, pero están esperando al hispano con todas sus idiosincrasias” para llevarles el mensaje que va a transformar su vida.

 

Familias enteras: perseverantes y comprometidas

Jonatán* y Elizabeth* y sus tres hijos adolescentes han invertido su vida en un país en el sudeste de Asia. Llegaron hace diez años y actualmente son coordinadores de estrategia para una ciudad grande. Aunque hay iglesias y creyentes en la ciudad, son pocas, y el deseo ferviente de su equipo misionero es ver la ciudad convertida en una “ciudad de Dios.”

 

Aunque la diferencia entre Asia y América Latina o los Estados Unidos es marcada, Jonatán y Elizabeth hacen muchas de las mismas cosas que cualquiera de nosotros. Más que todo, pasan tiempo con la gente. Por medio del deporte, visitas con los vecinos, clases de inglés y otras actividades, conversan con la gente, y Dios les da oportunidades de hablar de su fe. Un énfasis fuerte de su trabajo es el desarrollo de líderes. Su deseo es capacitar a los creyentes nacionales para que haya una multiplicación rápida de iglesias en toda la ciudad. También tienen un fuerte énfasis en la oración.

 

¿Tiene ventaja el ser hispano en una cultura asiática? ¡Absolutamente! Pasar tiempo con la familia y respetar a los padres es sumamente importante. Vivir en comunidad y disfrutar de la cercanía con otras personas es la norma. Hasta hay similitud en el idioma; las vocales tienen un sonido parecido y algunas palabras son casi iguales. La gran diferencia es que los asiáticos son más reservados; no muestran sus emociones abiertamente, no demuestran cariño en público y son muy pacientes en esperar un resultado deseado. Pero sobre todo, Jonatán nos recuerda que Dios es el mismo, sea en Asia, en la Ciudad de México o en Mississippi. Él está llamando a los perdidos a venir a Él, y a los creyentes a vivir el llamado.

 

La iglesia hispana: despierta y lista para la tarea

La iglesia hispana tiene un rol crucial en el crecimiento del movimiento misionero actual. El teólogo Emil Brunner dijo: “La iglesia existe para la misión como el fuego para quemar.”4 Cada iglesia local, inclusive la de usted, debe ser misionera. A veces se escucha que hay que enfocarnos primeramente en “Jerusalén” y fortalecer la propia iglesia para luego participar en las misiones transculturales. Pero, el mandato de Jesús es claro en Hechos 1:8: “serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” (NVI). Es un proceso simultáneo. Los misioneros de la Junta de Misiones Internacionales en todas partes del mundo están enseñándoles a los nuevos creyentes, tan pronto como se convierten, que son responsables por los no alcanzados dondequiera que se encuentren.

 

Si no aceptamos el desafío, otra generación morirá sin la oportunidad de escuchar las buenas nuevas. La tarea es urgente y requiere que cada iglesia asuma su responsabilidad.

 

Pablo dijo en Romanos 10:15: “¿Y quién predicará sin ser enviado?” (NVI). Hay que reconocer que los que van y los que envían son parte del mismo equipo. Neal Pirolo dice: “Ambos son igualmente importantes. Ambos están involucrados de manera vital en el cumplimiento de la Gran Comisión. Ambos están dinámicamente integrados y están caminando hacia la misma meta.”5

 

¿Cómo evaluaría a su iglesia? ¿Es una iglesia misionera? ¿Es una iglesia enviadora? ¿Hay oración constante por la salvación de los perdidos y para que las personas de su propia iglesia digan “sí” al llamado misionero?

 

¡Que todos los pueblos lo conozcan!

 

¿Cómo es su iglesia?

La siguiente guía indica crecientes niveles de participación para ayudarle a diagnosticar a su propia iglesia y a tomar pasos hacia un cambio positivo. Analícela bajo la dirección de Dios, para que la iglesia hispana tenga su lugar en la lista de iglesias fieles y obedientes, viviendo el llamado del Señor.

1. Apoyo al Plan Cooperativo y la Ofrenda de Navidad Lottie Moon

2. Oración por misioneros específicos y grupos no alcanzados

3. Educación misionera; conferencias, eventos

4. Viajes misioneros a corto plazo

5. Adopción de un grupo étnico no alcanzado

6. Convenio con un equipo misionero en el campo; participación en su estrategia

7. Movilización: acciones en pro del equipo misionero (oración, servicio, reclutamiento de misioneros, finanzas) en su propia iglesia y con otras iglesias

 

El video conmovedor Somos su pueblo enseña la oportunidad única que tienen los hispanos creyentes para testificar del evangelio por todo el mundo. Para mirarlo o copiarlo, como también para encontrar muchos otros recursos excelentes, visite http://hispanos.imb.org/.

 

*nombres cambiados por razones de seguridad

 

1Nueva Versión Internacional, © 1999 por la Sociedad Bíblica Internacional.

2 http://www.comibam.org/transpar/_menus/esp/web4-ib.htm.

3journeyman: graduado universitario, de menos de 30 años de edad, que sirve dos años en la obra misionera internacional

4Citado en el apéndice de La iglesia local y misiones, por Edison Queiroz (Miami: Unilit, 1994).

5Neal Pirolo, Sirviendo al enviar obreros (Bogotá: Buena Semilla, 1991), 15.

 

—Connie Rodgers

 

 

 


 

 

This page last modified: Thursday, December 21, 2006