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Escuchó el llamado:
Jornalera en Asia oriental
Noemí* sirvió dos años como misionera “jornalera” en Asia oriental. En el programa “Jouneyman” de la Junta de Misiones Internacionales, un graduado universitario sirve dos años en el campo misionero internacional.
Nuestra Tarea le pidió a la hermana Noemí que describiera su llamado.
Al acercarse mi graduación, decidí solicitar una beca para estudiar un idioma indígena en América del Sur. Cuando no la recibí, me quebró el corazón y pasaba mucho tiempo preguntándome qué quería y cuáles fueron mis motivos. Antes de esa experiencia, un amigo estaba pensando en servir como misionero jornalero y me sugirió que lo considerara yo también, ya que me interesaba la obra misionera algún día. Cuando no recibí la beca y al evaluar de nuevo, llegó a ser claro que un compromiso de dos años a la obra estudiantil fue lo que quería el Padre. Mis motivos para la investigación lingüístico estaban llenos de la ambición egoísta. La obra estudiantil en el Lejano Oriente requeriría que me muriera a mí misma, y al orar acerca de eso, Dios aclaró cada vez más que eso fue lo que Él quería que yo hiciera. Mi amigo me puso en contacto con una misionera de carrera que estaba en los EE.UU. temporalmente, y ella me explicó acerca del programa Journeyman. Cuatro de nosotros solicitamos para juntarnos con ella en su campo misionero.
Me encanta desafiar y ayudar a los estudiantes y observarlos mientras buscan la verdad. Pero no soy maestra de inglés. Mientras algunos maestros sienten gran satisfacción después de una clase, lo que siento yo es cansancio. También he luchado con la inseguridad y no sentir adecuada, pero el Padre ha usado esto para acordarme de que Él es suficiente.
¿Qué experiencias ayudaron a prepararla?
En la universidad participé en el grupo estudiantil en mi iglesia. El último año, dirigí un grupo de universitarias. Ese ministerio me dio mucho entrenamiento para el evangelismo y el discipulado. Pero más importante fueron los líderes, durante los años, que me enseñaron que la Palabra es la máxima autoridad. Me desafiaron a leer y meditar en la Biblia personalmente, a encontrarme con el Padre en la quietud y a escuchar su voz.
También tuve un trabajo para una organización sin fines de lucro, con enfoque en la participación política y cívica. Hice encuestas, y al llamar a las puertas hubo varias reacciones: no hacerme caso, darme la bienvenida, rechazarme, y una vez me mordió un perro. Durante tres meses, solo un hombre me preguntó si sabía a dónde iría después de morir.
¿Será esta experiencia una manera de probar si usted debe ser misionera de carrera?
Esto no es un experimento. Es su vida. No es que posponga su vida para una aventura foránea, mientras decide lo que quiere hacer. Usted viene, y da dos años porque es lo que tiene y es lo que el Padre le dice que haga. No quiero decir que sea fácil o feliz o emocionante, pero es bueno. El Padre es suficiente para cada trabajo al cual nos llama.
Ore por que la próxima generación obedezca el llamado que el Padre ha dado a cada hijo suyo para trabajar en la cosecha.
*Nombre cambiado
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